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El controvertido dilema entre la sinceridad y el «wokeismo»

sinceridad y «wokeismo»

¡Disfrutemos de ser políticamente incorrectos, actuemos con sinceridad!

En algún momento de los últimos años, muchos profesionales han llegado a creer que, independientemente de si es cierto o no, podemos moldear los hechos a nuestro antojo y persuadir e influir en su público objetivo a través de historias que respalden esas “realidades paralelas”.

Michael Sheen, en el papel de Roland Blum, hablando sobre la sinceridad

“La verdad es lo que tú quieras que sea. Tú conviertes los hechos en la verdad que te conviene” —Roland Blum (Michael Sheen), The Good Fight

Por no hablar de la sostenibilidad y de cómo deberían transmitirla las marcas. Vivimos en una época en la que muchas empresas se han vuelto tan «ecológicas» que la culpa de la contaminación, el calentamiento global o los gases de efecto invernadero recae en los ciudadanos, las vacas y las ciudades sin árboles. ¡Un «greenwashing» brutal!

Hablemos de los pecados; los pecadores te los dejo a ti:

  • “Tenemos un plan para reducir nuestro consumo de plástico en un 20% para 2030”. ¡Qué bien! Lo que no se menciona es que, incluso con esa reducción, seguirán siendo el principal generador de residuos plásticos del mundo.
  • “Nuestro compromiso social se refleja en el hecho de ser una empresa con certificación B Corp”. ¡Genial! Sin embargo, se han olvidado de mencionar que siguen sin tener planes de reducir ni modificar el embalaje de sus productos, y que son la tercera empresa del mundo que más contaminación genera debido a sus envases.
  • “Somos una empresa innovadora y pionera que fabrica y comercializa vehículos eléctricos no contaminantes”. Otros se olvidan de mencionar que la cadena de valor de su sistema de fabricación sí contamina, y que este nivel de contaminación crece de forma constante a un ritmo de 4% al año.
  • “Formamos parte del mundo de la moda rápida, y somos modernos, socialmente responsables y sostenibles”. A lo largo de este año se les ha denunciado por mentir sobre la sostenibilidad y por la explotación laboral en sus fábricas.

No obstante, existe una crisis climática que está relacionada en gran medida con nuestra actividad, con nuestro desprecio por el cuidado de los espacios públicos y con nuestros hábitos caprichosos e improvisados.

Mentirnos a nosotros mismos no resuelve casi nada, ¡de hecho, no resuelve nada en absoluto!

No merece la pena hablar de lo que están haciendo las organizaciones que parecen ser accionistas de los fabricantes de diazepam.

Basta con fijarse, por ejemplo, en esta imagen del tiempo en España, que se asemeja al séptimo círculo del Infierno de Dante, en contraste con el resto de Europa y el norte de África, donde no se está produciendo esta crisis y donde las temperaturas siguen siendo frescas.

Canal del tiempo de España - RTVE

A la luz de todo esto, tanto para las marcas como para las empresas que estas representan, parece esencial recuperar y aplicar el sentido común, y actuar con mayor sinceridad.

¡Maldita sea! La autenticidad, la transparencia y la sinceridad no son lo mismo

Dediquemos dos minutos a repasar una serie de conceptos, no para aprenderlos, sino para establecer una base común de entendimiento entre nosotros —aunque son conceptos bastante interesantes:

  • Autenticidad: es una cualidad que se manifiesta; es una característica innata de cualquier sujeto; nacemos auténticos. ¿Queda claro?
  • Transparencia: es una cualidad que se observa. A pesar de los esfuerzos de algunas empresas, la transparencia es algo que escapa a su control, aunque puedan manipular “en secreto” su imagen para dar esa impresión. Depende de cada uno de nosotros decidir si una empresa es transparente o no.
  • Sinceridad: Es ser fiel a uno mismo sin descuidar a los demás. Se trata de reconocer que la empresa forma parte de un mundo que va más allá de sus propias fronteras. Se trata de reflexionar profundamente sobre su impacto en el mundo.

Los bebés son auténticos; los niños aprenden a comportarse con sinceridad. Lo mismo puede ocurrir con las empresas.

Construyamos historias basadas en hechos reales; para la fantasía, ya tenemos «Star Trek».

Las marcas deben ser sinceras: ni auténticas, ni vivir en “Los cazadores de la transparencia perdida”. ¿Significa esto que hay que dejar de contar historias, sobre todo teniendo en cuenta lo bonitas que son?

En realidad, la respuesta a la pregunta anterior es no. Se trata de construir historias. Se trata de construir historias, no de contarlas. Para construir, se necesita un plan, unos cimientos, materiales, etc.

La relación entre la marca y la sostenibilidad se basa en historias que se fundamentan en la realidad, que no asustan y que llegan a la esencia misma de la marca, cuyos objetivos, entre otros, incluyen:

  • Ser relevante y pertenecer a una categoría concreta.
  • Diferenciarse del resto
  • Reducir las incertidumbres, lo que a su vez requiere transmitir tranquilidad

¿Hay algo que Greta y sus fieles seguidores no hagan: tranquilizarnos? ¿Y cómo se las arreglan las marcas cuando nos cuesta creerles?

Algunas marcas hacen lo correcto, otras no, aunque nos cuenten sus historias épicas

Las marcas deberían tener en cuenta algo tan básico como el hecho de que las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad constituyen un imperativo adicional que debe formar parte de su actividad, involucrar y comprometer a quienes interactúan con ellas.

Se trata de un continuo que va más allá de la épica de sus historias y que, como cualquier experiencia, debería ofrecer un simbolismo y unos rituales que nos inviten a formar parte de su experiencia.

Dejemos a un lado los procesos de cancelación que están tan de moda hoy en día, porque puede que la solución no sea la que nos resulte aceptable a todos; ya que, si solo existiera una posibilidad, perderíamos una de las características más importantes de nuestra condición humana: la capacidad de crear opciones y tomar decisiones.

Busquemos soluciones reales —aunque no sean ideales— que hagan del mundo un lugar mejor y más habitable. Asumamos la responsabilidad de cada una de nuestras acciones y del impacto que tienen. Reflejemos en las marcas lo que las empresas son y hacen de verdad.

Sé racional en lo que hay que tratar con racionalidad, objetivo ante lo que ocurre, atento a lo que marca la diferencia y emocional ante lo que nos mantiene vivos.


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