‘Era de madrugada y ya estaba listo para salir hacia el País Oso. Nuevamente me iba a adentrar en sus bosques de tantos matices, ir desde sus montañas hasta el mar. No me resultaba tierra desconocida; sin embargo, esta vez era diferente. No sólo conocería nuevos poblados, sino que también conocería más y nuevos osos.

Luego de varias horas, me fui adentrando en el bosque y despacio me fui acercando a la primera de mis paradas. Me llamó la atención que llegando a la ciudad vi pocos edificios de oficinas (en los bosques, los animales también tienen este tipo de zonas urbanas); por el contrario, lo que veía eran fábricas. Y ese fue mi primer pensamiento… los osos son así, duros, bravos, trabajadores e industriales (o ‘industriosos’ ;)).

Esa imagen, esa percepción me siguió durante todo el viaje.

En un punto distinguido en el centro de la villa, tuve mi primer encuentro con uno de los osos que deseaba conocer. Ya, desde larga data, manteníamos un contacto medianamente fluído por vía de mensajes en botellas que echabamos al río que nos une y que ambos sabíamos encontrar… un mar de botellas con mensajes, donde sólo pocos valen la pena.

El encuentro fue casual, como de animales que se conocen desde siempre. El oso bravo era también cálido, respetuoso, amigable… y sí, con espíritu industrial… y eso se podía oler en cada gruñido. Me llevó a recorrer su aldea, llena de osos, abierta al resto de animales del bosque… Había espacio para ardillas, conejos y otros bichos menos feroces, aún cuando en su centro, los juegos de osos hacen las veces de monumentos silenciosos que fijan ese espíritu parco, silencioso y austero que todo buen oso posee. Gratos recuerdos quedarán de ese encuentro… por siempre jamás!

Seguí el camino y llegué a mi segundo encuentro en una ciudad de osos (claro está… este cuento habla de estos animalitos) llamada «Mibestialanzallamas». Nuevamente, una entrada industrial, más profunda que la de mi primer visita,… más intensa.

Llegue hasta la cueva de los osos que me esperaban… Datos anecdóticos: algunos osos usan aros como símbolo casi autóctono y pareciera que todos se cortan el pelo con el mismo peluquero.

Conocí su cueva, su entorno de trabajo, que si bien creativo, seguía oliendo a fábrica. Me gustó!

Con ellos emprendí el camino al último de mis destinos en este viaje por el País Oso. De la montaña bajamos a donde el horizonte se abre, la luz da brillos y matices únicos y propios del reflejo en el mar. Los árboles del bosque habían quedado atrás… Estabamos en una de sus playas, en «la playa». Ahí comimos, bebimos, compartimos experiencias, que entre animales de distinta especie suelen ser diferentes, aunque ninguna resultó lejana.

La historia sigue y la recuerdo con cariño…

Lo que aprendí de los osos

Creo que el primer aprendizaje es que existe una clare diferencia entre emotividad y representación. Quiero decir, un encuentro puede estar cargado de emociones, ser único e irrepetible, y no por ello necesita que esto se exprese y represente con gran elocuencia.

Los osos, son animales duros, trabajadores y como dice el cuento, huelen a industria… Su carácter es algo seco y en algunos casos, hasta distante. Sin embargo al estar con ellos, reconoces su aprecio, su cercanía y esa forma diferente de expresarlo.

El segundo aprendizaje es que incluso esa forma de ser tan característica es un diferencial. Muchas veces, por no decir demasiadas, se piensa que lo que nos rodea, para que llegue a lo más profundo de nuestro ser debe conmover. A mi, particularmente, un Mercedes Benz no me conmueve, aunque sí me parece una experiencia emocionante.

En su dureza, en su parquedad, en su seriedad, en su sequedad… los osos, a su manera, logran emocionar… y eso es lo que marca la diferencia.

El tercer aprendizaje está en que la identidad, aunque lo neguemos, tiene sus raíces en valores de pertenencia. Los osos están orgullosos de su bosque y de ser osos. Por diferentes razones que no vienen a cuento, es así y muchos otros animalitos que andamos suelos por este mundo podemos aprender de ellos.

Vivimos hablando de la auto-expresión como tema transversal al lugar donde vivimos y al resto de animales con quienes compartimos. Seamos lo que somos, ni más ni menos… Sepamos que cada uno de nosotros es diferente, vive sus propias experiencias a su manera… y que si hay algo que nos une es la pertenencia a lo que desde siempre fue nuestro.

El branding es un tema de, para y entre animalitos… y no me cansaré de decirlo… Las nuevas tecnologías, esas que han desarrollado y están devorando a muchos humanos, pueden ser herramientas que permitan conectarnos mejor, saber más (aunque con mayor superficialidad), encontrar otros de nuestra especie en lugares recónditos… pero son sólo eso, herramientas…

Las cosas tendrían que volver a su orden natural… los sujetos primero, los objetos bien por detrás!

La experiencia ‘marca país’

El último día que estuve con los osos, participé de uno de sus eventos (magnífico y de mi parte muy agradecido, por cierto) y en éste salió el tema de ¿Somos los osos buenos vendedores? ¿Tenemos un claro diferencial por vivir en nuestro bosque?

Permítanme, luego de unas semanas de pensar en el tema, compartir algunas reflexiones:

  • A los osos se les compra por su seriedad, su bravía y su olor a industria. No traten de vender como ardillas porque crearán incertidumbre, confundirán… Los osos osos son y eso es su mayor activo. Sigan las recetas de su corazón y no traten de imitar a otros bicharracos.
  • Si los osos quieren vender fuera de su bosque, sigan (también) siendo osos… Sin embargo, traten de generar empatía con los otros animalitos para que estos últimos puedan entenderlos en sus propias lenguas… Esto vale para cualquier animal que quiera ir a vender al resto de especies
  • Me encanta e incluso tengo una sana envidia por el orgullo que tienen los osos de su bosque, del País Oso. Y esto es otro activo; no para ir gruniendo a los cuatro vientos las bondades del bosque, sino para ponerlo como referencia cierta y reconocida de aquello que los hace diferentes y únicos…
  • No se trata de vender, sino de que me compren, que vivan la experiencia a la que los invito, que participen y dialoguen… Los osos puede que sean duros y gruñones… pero también son cálidos, emotivos, amistosos (cuando les viene en gana… jaja) y participativos

Y ya por último y los dejo en paz, que esto se ha hecho muy largo… Cambien osos por vascos y vuelvan a leer el cuento!… Chau!

Cristian Saracco
Founding Partner at Allegro 234
• Member, Medinge Group
• President, AEBrand
• Associate Professor, Loyola Leadership School

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