
Identidad antes que imagen

La identidad precede a la imagen y es una parte intrínseca de la institución. Se sustenta en la historia, las tradiciones, el presente y el futuro deseado. Tanto las personas internas como las externas forman parte de ella. La identidad está presente en la empresa, en sus productos y en sus servicios.
La imagen representa y transmite esa identidad. Su principal reto consiste en mantener la coherencia entre los conceptos que transmite, el modelo de negocio y el lema “de la idea a la acción” de la institución.
Es imprescindible que exista coherencia entre la identidad y la imagen a largo plazo para lograr mejores ingresos y resultados, y crear valor sostenible.
La marca va más allá de una cuestión estética o de la suma de acontecimientos concretos. Tiene su origen en las personas que crearon la institución y se forja entre quienes comparten sus valores y su visión. Se plasma en una estrategia, alimenta la propuesta de valor de la empresa y genera una experiencia única, emocionalmente relevante y funcionalmente deseable.
Las marcas están dirigidas a aquellas personas que interactúan con la empresa, ya que forman parte de sus procesos empresariales, pertenecen a la organización y gestionan sus recursos. En resumen, las marcas son relevantes para el entorno, únicas para el sistema y admiradas por los públicos clave.
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