
Posicionamiento de Marca a través de Estrategia Ambidiestra

Crear una marca que mantenga su identidad a medida que evoluciona el negocio
El posicionamiento de marca comienza cuando la estrategia debe convertirse en significado
El posicionamiento de marca cobra verdadera relevancia cuando una empresa necesita plasmar su orientación estratégica en algo que el mercado pueda reconocer, comprender y elegir. Por eso tiene todo el sentido del mundo abordar el posicionamiento desde la perspectiva de la estrategia ambidiestra.
El posicionamiento define lo que representa una marca, lo que siempre representará y cómo puede seguir siendo relevante a medida que la empresa y su actividad evolucionan.
Visto así, el vínculo resulta bastante natural. La estrategia determina hacia dónde quiere dirigirse la empresa y bajo qué lógica pretende crecer. El posicionamiento traduce esa lógica en una estrategia adaptada a los públicos clave. Proporciona a la marca un centro estable, pero también el margen suficiente para seguir siendo útil cuando surjan nuevas oportunidades, demandas o contextos. Sin ese puente, la empresa puede avanzar en una dirección mientras que la marca apunta hacia otra. Cuando eso ocurre, el crecimiento suele ser más caótico que inteligente.
Por eso, el posicionamiento no debe considerarse un mero complemento de la comunicación. Se sitúa en el centro de una cadena más importante: empresa, negocio, marca, decisión, experiencia. Ayuda al mercado a comprender no solo lo que ofrece la empresa, sino también qué tipo de avance pretende generar y en qué condiciones.
Ahí es donde el posicionamiento deja de ser una simple frase y empieza a convertirse en una estrategia que se hace visible.
De empresa a negocio a marca
Una forma útil de trabajar en el posicionamiento es empezar por lo que hay más allá de la marca. La empresa define su propósito, sus principios y sus valores. El negocio los traduce en decisiones: dónde competir, cómo crecer, qué problemas resolver, qué tensiones aceptar. A continuación, la marca sintetiza esa estructura en una promesa y un significado que los demás pueden reconocer y evaluar. Cuando estas tres capas se alinean, el posicionamiento cobra fuerza. Cuando se distancian, se vuelve meramente decorativo y frágil.
Esto también ayuda a explicar y comprender por qué la marca debe tener claro cuál es su propio papel… ¿Lidera la categoría, respalda otra oferta, abre un nuevo espacio, actúa como solución especializada o protege el significado fundamental de la empresa en un entorno cambiante? La respuesta a esa pregunta modifica la naturaleza del posicionamiento. Una marca con un papel poco claro suele acabar teniendo un posicionamiento difuso. Una marca con un papel claro puede construir un posicionamiento que guíe las decisiones con verdadera disciplina.
Por eso el posicionamiento es tan importante. Es ahí donde la inteligencia estratégica se traduce en significado de mercado.
Crea un punto de coherencia entre lo que la empresa cree, lo que el negocio necesita y lo que la marca debe transmitir al mundo.
Si se hace bien, reduce la incertidumbre. Si se hace mal, multiplica las interpretaciones y limita las opciones. Lo cual es una forma bastante costosa de mantenerse “abierto a las posibilidades”.”
Qué significa en la práctica la estrategia ambidiestra
La estrategia ambidiestra se puede definir de forma muy sencilla: es la capacidad de preservar lo que aporta continuidad al negocio, al tiempo que permite los cambios necesarios para seguir siendo relevantes en el futuro. No se trata de un eslogan. Es una forma de organizar las decisiones, los plazos y las prioridades para que la empresa no pierda su rumbo cada vez que cambia el contexto, ni se vuelva rígida cada vez que necesita adaptarse.
Esa definición es importante porque el posicionamiento de marca se basa precisamente en esa tensión. Una posición demasiado rígida acaba por dejar de contribuir al avance del negocio. Una posición que cambia con demasiada facilidad deja de generar confianza en el mercado. El reto estratégico no consiste en decantarse por un lado u otro, sino en definir una posición lo suficientemente estable como para orientar las decisiones y lo suficientemente flexible como para permitir nuevas expresiones cuando el contexto del negocio, la categoría o el público así lo requiera.
El posicionamiento no es el lugar en el que la marca se queda estancada; es el espacio en el que puede moverse sin perderse.
Esa es la razón fundamental para abordar el posicionamiento desde una perspectiva ambidiestra. El posicionamiento es la disciplina que evita que el movimiento se convierta en confusión y que la continuidad se convierta en inercia. Proporciona a la empresa un filtro estratégico: qué encaja, qué no, qué refuerza el núcleo y qué empieza a erosionarlo. En ese sentido, la ambidexteridad no es una capa abstracta superpuesta al posicionamiento. Explica por qué el posicionamiento cobra mayor importancia cuando la empresa se enfrenta al crecimiento, al cambio y a la presión al mismo tiempo.
El verdadero trabajo del posicionamiento: claridad, diferencia y singularidad
Un posicionamiento sólido debe cumplir tres funciones al mismo tiempo.
- En primer lugar, debe conseguir que la marca sea reconocible dentro de su categoría. La gente tiene que entender de qué tipo de oferta se trata y por qué encaja en el ámbito que han elegido.
- En segundo lugar, debe marcar una diferencia que realmente cuente, y no limitarse a una afirmación que suene bien en los talleres internos.
- En tercer lugar, debe crear una especie de singularidad: un lugar diferenciado en el mercado que no sea fácil de confundir ni de sustituir.
Aquí es donde la visión ambidiestra resulta especialmente útil. Si el posicionamiento se centra únicamente en ajustarse a las expectativas de la categoría, la marca se vuelve fácil de entender, pero difícil de distinguir. Si solo persigue la novedad, puede que llame la atención, pero resultará más difícil generar confianza. El verdadero reto consiste en construir un posicionamiento que sea lo suficientemente claro como para ser elegido y lo suficientemente diferenciado como para ser preferido.
Ese equilibrio es estratégico, no meramente superficial. Influye en lo que la marca acepta, lo que rechaza, lo que repite y dónde traza la línea divisoria.
Además de lo anterior, está la personalidad de la marca. También desempeña un papel importante en este contexto, aunque no como un elemento independiente. Mientras que el posicionamiento define lo que representa la marca, la personalidad define cómo se comporta al defender esos valores. Se manifiesta en cómo responde la marca ante la presión, cómo gestiona los errores, cómo ejerce el poder cuando lo tiene y cómo se expresa cuando cambia el contexto. En otras palabras, la personalidad no es una lista de adjetivos. Es un comportamiento con memoria.
Lecciones de marcas reales
Un ejemplo positivo y útil es CitizenM. Su posicionamiento combina un núcleo funcional muy claro con una sólida vertiente emocional y conductual. Desde el punto de vista funcional, ofrece hoteles urbanos eficientes, bien situados e integrados con la tecnología, con un servicio de calidad constante. A nivel emocional, transmite a los viajeros frecuentes una sensación de modernidad, control y pertenencia a un ritmo global contemporáneo. La lección es que una buena posición ambidiestra no obliga a elegir entre rendimiento y experiencia. Puede abarcar ambos, siempre y cuando el eje central esté claro.
Otro ejemplo positivo es Siemens. El valor de este caso radica menos en un eslogan y más en la disciplina de mantener un núcleo sólido al tiempo que se permite que el negocio se expanda hacia el software, los datos, la sostenibilidad y los servicios digitales. La marca corporativa protege valores perdurables como la ingeniería, la fiabilidad y el impacto estructural, mientras que el sistema más amplio permite avanzar hacia nuevos ámbitos sin que toda la empresa dé la sensación de ser una sucesión de experimentos inconexos. La lección que se desprende de todo esto es que un núcleo estable no impide la amplitud estratégica; al contrario, hace que esa amplitud resulte más comprensible.
Desde un punto de vista cauteloso, el material pone de relieve un problema recurrente, más que burlarse de marcas concretas: algunas empresas se renuevan con tanta frecuencia que pierden solidez, mientras que otras se mantienen “fieles” a sí mismas hasta el punto de perder relevancia. Ambas son errores estratégicos:
- El primero confunde el movimiento con el progreso.
- El segundo confunde la coherencia con la inmovilidad.
Una vez más, la lección que se desprende de esto es clara: un buen posicionamiento debe formularse en el nivel adecuado de abstracción; lo suficientemente específico como para orientar la acción, pero lo suficientemente amplio como para permitir su adaptación con el paso del tiempo.
Ni dogma ni moda.
Por qué la conciencia es importante como capa final
La conciencia aporta una dimensión adicional a la estrategia, al posicionamiento o a la lógica empresarial. Ayuda a responder a una pregunta más compleja: si la empresa es coherente con lo que ha decidido ser —su razón de ser—. Por este motivo, la conciencia da sentido al debate sobre la ambidexteridad, en lugar de desviar la atención de él.
Esto cobra mayor importancia hoy en día porque el mercado detecta las tendencias con mayor agudeza que antes. La gente compara las promesas y las acciones con mayor rapidez. Se dan cuenta cuando una empresa dice una cosa y decide otra. En ese contexto, la conciencia resulta útil no como una mera farsa moral, sino como una disciplina de coherencia.
Ayuda a los directivos a definir límites, a tomar decisiones de equilibrio y a proteger a la empresa de atajos tentadores que debilitan su sentido a largo plazo. En el mejor de los casos, la marca empieza a funcionar como un sistema que filtra lo que la empresa debe hacer, en lugar de limitarse a amplificar todo lo que podría hacer.
Ese es el momento en el que la marca empieza a proteger el negocio, y no solo a promocionarlo.
Esto aporta coherencia a todo el razonamiento:
- La estrategia ambidiestra explica por qué la empresa debe gestionar la continuidad y el cambio al mismo tiempo.
- El posicionamiento de marca traduce ese requisito en una perspectiva orientada al mercado, lo suficientemente estable como para servir de guía y lo suficientemente flexible como para evolucionar.
- La conciencia añade entonces una última capa de juicio, lo que ayuda a la organización a decidir qué medidas se ajustan realmente a su trayectoria y cuáles simplemente parecen tentadoras a corto plazo.
En otras palabras, la estrategia marca el rumbo, el posicionamiento le da sentido y la conciencia le da medida.
Desde el posicionamiento hasta la creación, las tácticas y la puesta en marcha
Una vez que el posicionamiento queda claro, los siguientes pasos cobran mucho más sentido. La creación traduce la estrategia en formas que la gente puede percibir. Las tácticas determinan dónde y cómo debe actuar la marca. La activación convierte todo ello en una prueba tangible. Es aquí donde se hace patente la calidad del posicionamiento. Si el posicionamiento es débil, la activación resulta confusa. Si el posicionamiento es claro, la activación se convierte en uno de los momentos decisivos más relevantes para la marca.
Esta secuencia también refuerza la idea principal de estas reflexiones que estoy compartiendo con vosotros. El posicionamiento no es una frase aislada atrapada entre el propósito y la campaña. Es el eje estratégico que conecta la empresa, el negocio y la marca, de modo que las decisiones posteriores en materia de creación, tácticas y activación no parezcan improvisadas. Cuando ese eje es sólido, la marca puede evolucionar con el negocio sin perder su reconocibilidad. Cuando es débil, cada nuevo paso se percibe como una pequeña crisis de identidad con un presupuesto mayor.
Para terminar y dejaros en paz
El posicionamiento de marca merece ser analizado desde la perspectiva de la estrategia ambidiestra, ya que ambos abordan el mismo reto fundamental: cómo preservar el significado al tiempo que se permite la evolución:
- El posicionamiento proporciona a la marca un eje central claro, define lo que representa y establece los límites dentro de los cuales puede evolucionar.
- La estrategia ambidiestra explica por qué esos límites son importantes.
- Y la conciencia, aplicada con mesura, aporta el criterio que mantiene el crecimiento, las decisiones y el comportamiento en consonancia con lo que la empresa ha decidido llegar a ser.
Es entonces cuando el posicionamiento deja de ser una simple afirmación y se convierte en una ventaja estratégica capaz de resistir la presión, impulsar el crecimiento y hacer que la empresa resulte más fácil de entender, elegir y en la que se pueda confiar.
Imagen
Tima Miroshnichenko, Pexels
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