Filtrar el café para reducir los niveles de acidez o sumergirse en el negocio y la marca

Marca, Negocios y Café

Lo que sigue es un poco largo, por no decir otra cosa. Espero que no resulte mortalmente aburrido. Es una reflexión actual, entre iguales, sobre lo que nos rodea y cómo afecta a nuestros pensamientos, decisiones y acciones en los negocios y con nuestras marcas. Espero que te resulte útil y, además, deseo de verdad que nos llames cuando hayas terminado porque has encontrado al socio adecuado para tus nuevas aventuras.

Cuestionar en lugar de afirmar o descubrir el sabor de la ignorancia

Cuando nos reunimos con nuestros clientes, evitamos parecer "Señoritas llenas de aire" y, en lugar de afirmar cosas que generalmente desconocemos, preguntamos sobre sus necesidades y buscamos respuestas en forma de soluciones. Preguntar resulta ser un ejercicio bueno, sano, recomendable y, sobre todo, honesto. ¿Cómo lo encuentras?

  • ¿Cómo transformar tu negocio y crecer a través de tu marca, cultura y experiencia?
  • ¿Cuál es el objetivo de tu empresa?
  • ¿Quiénes son tus partes interesadas?
  • ¿Dónde debe celebrarse el concurso?
  • ¿Cómo se ganará el partido?
  • ...
  • Y como si fuéramos niños: ¿Por qué esto? ¿Por qué el otro?

En los últimos tiempos, esta actitud parece ser excepcionalmente rara, y a algunas personas incluso les parece extraña. Hay muchas personas que "lo tienen claro", y pocas que dudan. Particularmente, esta situación me lleva a pensar -y obviamente a preguntarme- que, tal vez, estemos llegando a un nivel de ignorancia absoluta. Tal vez sea una buena fórmula para ser feliz. ¿Lo es?

Los más audaces, los que ayer eran criptoexpertos y hoy son doctores en estrategia geopolítica mundial, comparten en las [anti]redes sociales cosas que otros han escrito con el pretexto de ser ideas que ellos comparten. Yo lo he descubierto:

  • Se ciñen al nivel del título y no bajan a la profundidad, así que se limitan a opinar sobre todo sin saber nada.
  • Es un acto narcisista en el que en el fondo nos dicen "Este tipo piensa como yo" y no se cuestionan lo que piensa el otro, y mucho menos lo que piensan ellos -si es que lo hacen-.
  • Poseen un sesgo ideológico que no les permite ver realidades que contradicen su estructura mental; éstas son las más peligrosas, las más presentes, las más dañinas

Disfruto leyendo los contenidos creados por David Aaker, Erich Joachimsthaler, Steven Picanza, Matt Davies o Ian e Wood, entre otros, no porque tengan razón en lo que dicen -a veces pienso que sí, a veces no estoy de acuerdo-, sino porque me hacen reflexionar, reconsiderar y cuestionar lo que pensaba antes de sentarme a leerlos. Es un acto fantástico de reconocimiento tanto de lo que sé como de mis propias limitaciones.

En algún momento me pregunto si el pensamiento crítico no se ha convertido en un activo en declive que podríamos/deberíamos revitalizar. Recuerda, estamos hablando de "pensamiento crítico", no de "criticar el pensamiento" de los demás libre y descaradamente, y lo que es más pertinente, la mayoría de las preguntas son las que te haces a ti mismo, para cuestionar tus propias ideas, que a menudo resultan ser preconcebidas debido a prejuicios culturales -que todos poseemos-.

Como empresa y como marca, esto significa perder el miedo a preguntarte cada día a qué retos, grandes y pequeños, te enfrentas y asumir que la respuesta no será ni simple, ni sencilla, ni lo que hace tu vecino, sino una idea con sentido que te hará avanzar en la dirección correcta, aunque no puedas ver el final del camino.

Tomarse en serio la cooperación o utilizar filtros de microengaño

Parece que cuestionar, analizar y decidir se asocian a menudo con momentos de aislamiento -el efecto "tengo que consultarlo con la almohada"-. En algunos casos, esto es cierto, pero en muchos otros, requiere el apoyo de más personas, que unan sus fuerzas y decidan cooperar como primer paso.

Cooperar no es colectivizar las decisiones -¡absolutamente no! Cooperar debería ser una construcción de muchos y no el resultado de la abdicación individual de ciertas creencias sólo porque lo dice el rebaño -esta situación se produce a menudo debido a la peor de las dolencias actuales, la procrastinación y la cómoda laxitud mental-. Esa afirmación de que "si todos piensan así, es porque deben tener razón" me recuerda una historia asociada a los exquisitos gustos de las moscas -no es necesario hacer más comentarios sobre esta cuestión.

Hay un efecto secundario que podríamos considerar menos importante, aunque no lo es. Es la dilución de responsabilidades debido a la colectivización de los acontecimientos. En un mundo que vuelve a atravesar uno de sus ciclos de alta radicalización, esto es una palanca de alienación; ellos son los culpables; nosotros somos los dueños de la verdad, el bien y la justicia; debemos prohibir los mensajes de odio, nosotros somos los que pensamos correctamente... Detrás del nosotros y ellos, se esconde la mano que tira la piedra.

Como empresa y como marca, esto significa que cada persona -nivel del sujeto- se responsabiliza de las cosas que ocurren -nivel del objeto-. Cualquier otra cosa puede acabar en bumerán.

Al fin y al cabo, por mucho que nos lo digan, queremos buenos productos, buenos servicios, experiencias únicas y singulares. Lo demás pueden seguir siendo mensajes mesiánicos de un activismo acomodaticio y cortoplacista -con claras excepciones que podrían contarse con los dedos de una mano.

Construyendo Historias o la Cata del Café Real

Contar historias parece ser lo más "cool" del momento. Es algo que se ha generalizado y que aceptamos aunque, en ciertos casos -muchos diría yo-, estas historias sean un medio vil de manipular nuestro comportamiento.

Contar y escuchar historias es tan humano como nuestra capacidad de reír. Esto es un hecho.

Sin embargo, cuando lo que nos rodea y nuestra propia vida se convierten en la suma de historias hechas a nuestro gusto, cuya finalidad es que, convencidos de una realidad que no es tal, acabemos comportándonos según patrones esperados por los demás y que, al final, no sabemos cómo hemos llegado hasta ahí. En su límite, esto no es más que un agradable modelo de esclavitud. Si lo consideramos seriamente -y sin exacerbar nuestra propia paranoia- podría convertirse en un asunto clave de las libertades individuales.

Las historias deben construirse, sin perder su atractivo, haciéndonos pensar, facilitando el aprendizaje -crítico-, uniéndonos donde haga falta, respetando al individuo cuando la situación lo exija.

Como empresa y como marca, esto significa que es más importante construir la historia que contarla -como diría mi amigo Philipe Mihailovich-.

Esa estructura nace de realidades presentes y aspiracionales que dan forma sincera a la empresa y se sintetizan en lo que cuenta la marca.

*Nota del autor: ¿Cuánto de lo que ocurre hoy en el mundo es responsabilidad de un marketing y un branding poco éticos aplicados a otras prácticas -por ejemplo: la política?

Evitar la radicalización o endulzarla está prohibido

Hemos partido de cuestionar antes de afirmar, de desarrollar nuestro pensamiento crítico; de reconocer la tensión creativa entre cooperación e individualismo; de construir historias sobre una base ética y como un acto de sinceridad.

Si situamos lo anterior en nuestro contexto actual, veremos que no se trata de un mandato fanático intransigente, sino que, por el contrario, habla de nuestra responsabilidad y respeto por lo que somos: personas únicas y libres, para lo bueno y para lo malo.

No soy ingenuo, sé que esto no es igual para todos. Dependiendo de dónde te encuentres en cualquier tipo de estructura jerárquica, el libre intercambio de ideas se verá coartado -lo siento, pero es una observación de la realidad-. Sin embargo, nuestra capacidad como sociedad para ser más sabios que tontos, y evitar así este tipo de atrocidades sospechosamente comunes, sería loable y esperable.

Como empresa y como marca, esto significa tratar de maximizar el desarrollo individual de la persona, armonizándolo con su desarrollo en los distintos niveles de la comunidad e incluso de la sociedad en general.

El tema es tan profundo y fundacional que debería considerarse como uno de esos objetivos permanentes de la empresa, más allá de la creación de valor, la generación de resultados y la búsqueda de un impacto social y/o medioambiental positivo.

Ser fieles, ante todo, a nosotros mismos, o Sigamos con una vida descafeinada

Puede que en este punto supongas con razón que esta reflexión podría constituir una utopía -soy demasiado educado para llamarlo ilusiones- y supongo que tienes razón.

Desde nuestro propio génesis, como personas hemos evolucionado sobre la base de sueños utópicos que nos movían hacia una realidad deseada que era mejor que la que vivíamos en ese momento.

Hoy creo que estamos en un momento de cambio y transformación en el que confundimos el progreso tecnológico con el pensamiento automatizado, el estado del bienestar con la normativa, el respeto a las minorías con la imposición de nuevas prácticas. En algún momento perdimos el norte y vemos la realidad como una utopía en sí misma, y eso nos paraliza porque al final no sabemos adónde ir.

Yo no me preocuparía, porque si leemos un poco de historia, descubriremos que esto ya ocurrió, y que tras la oscuridad -que tampoco era tal- salió el sol.

Hubo un medievo y habrá un renacimiento.

Como empresa y marca, esto significa, en última instancia, que antes de definir todas esas cosas que están tan de moda, debes preguntarte, sin tecnicismos, para qué sirves, qué esperas, a qué aspiras, y cómo encajan con lo que tu público quiere de ti.

Entonces los conceptos estratégicos de negocio y marca fluirán sin problemas y alineados. Digo esto en modo "diablo", más como viejo que como sabio.

¿No crees que ha llegado el momento de contactar con Allegro 234 y hacer algo real, valioso y eficaz con tu negocio y tu marca? Obviamente, ¡pensamos que sí!

Imagen de Arshad Sutar, Pexels